1101

Había una vez, en un reino muy lejano, un rey atemorizado. Su reino estaba amenazado por un gran dragón.
Y ninguno de sus caballeros había sido capaz de vencerlo.

El dragón, para mantener provisiones para el duro invierno (veáse La cigarra y la hormiga), había acordado con el rey que cada día devoraría a un ciudadano del desgraciado reino. El rey, apesadumbrado, había cerrado ese pacto, pues al menos así aseguraba que sólo una persona sería devorada.

Para evitar tener que tomar la terrible decisión de quién sería devorado cada día, el rey había decidido que un sorteo sería el temible juez.

Debido a los pocos estudios sobre estadística que tenía el rey, y la negligencia de sus asesores, el rey no pudo entender la decisión de tal juez. El macabro sorteo decidió que era turno de la bella princesa. Se despidió de su padre, no sin dejar escapar una lágrima, y sus suaves y delicados pies emprendieron el camino hacia la cueva del dragón.

Cuando llegó su corazón estaba taquicárdico. Apenas podía alzar la voz, y con un sufrido esfuerzo, gritó:

- Oh, malvado dragón. El almuerzo está servido.

- Mmmmm. Carne tierna… -suspiró el dragón mientras un hilillo de baba colgaba de su boca.

Pero llegó la sorpresa. Apareció un bello príncipe de un reino muy lejano. Como no podía ser de otro modo, vestía de un azul que eclipsaba la belleza del cielo.

- No contaban con mi astucia -gritó.

Desenvainó su espada, y de un salto se plantó en la cabeza del dragón, que apenas siguió 11 segundos más encima de su cuello. El dragón murió desangrado, y de su sangre surgió una rosa. El caballero la cogió, y la entregó a la princesa, que ruborizada susurró:

- Ya te vale.

Volvieron felices al castillo del reino, a lomos del caballo del príncipe. Cuando se acercaban al castillo, el vigía los vió, justificando así su paga del mes, y raudo avisó al rey de que su hija estaba de vuelta a lomos de un caballo y con grata compañía.

En esa misma mañana, el príncipe del reino lejano pidió el pie de tan bella princesa. El rey accedió, y la boda se celebró 42 días después con un gran banquete que aún es rememorado por los asistentes.

Una respuesta para “1101”

  1. Emperatriz Infantil Dice:

    ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
    más brillante que el alba, más hermoso que abril!

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