Sobre el campanario de esta catedral, entre telarañas y nidos de cigüeñas he creado mi hogar. Un lecho de plumas y arena que en la soledad me brinda la altura necesaria para observar toda la ciudad… Sin embargo lo que me pareció una buena idea al principio se ha convertido en la máxima tortura, pues la belleza de las luces de la ciudad eran mi único consuelo. Sentado a la espera de esperanzas que no llegan con cada paloma que trae mensajes de las tierras fronterizas continúa la guerra…
En uno de los largos paseos alrededor de la campana mayor llegó uno de mis aliados… un cuervo… que traía una perla gris que dejó caer junto al lecho, la tomé entre los dedos… parece una perla normal, una esfera perfecta, gris plateada con algunos destellos… era luna llena, demasiada luz para mis ojos, comencé la combinación de campanadas que convertirían el cielo en una densa capa de nubes, tengo prisa, van a dar las doce…
Detuvo mi mano el repentino peso del nácar, cobró vida y creció hasta el tamaño de la mano que la sujetaba… ya eran las doce… explotó como una burbuja de espuma y sin dar tiempo a saber que ocurría me ví transportado a un prado… completamente desierto bajo la única luz de la luna y un manto de hierba… oí las campanadas ¿quién sino yo podía hacerlas sonar? esto no parece el campanario, ni hay nadie en toda la maldita ciudad… desierta tras la guerra… pero ya no le importa a nadie… no estaba allí…
Caminé por el valle, pero a cada paso cambiaba el horizonte…cada paso parece que mueve algo al final del interminable sendero que bordea el terreno…
He llegado al final… acaba el camino y no puedo continuar… ha comenzado a llover.. parecen pétalos de rosas… miles… millones de ellos mecidos al viento… en el suelo un manto de flores de tantos colores que no es posible andar entre ellas sin estropearlas… árboles que crecen en un instante y se abren como fuegos artificiales en todo su esplendor para desaparecer en un arcoiris en el máximo silencio y volver a crecer de nuevo con mayor grandeza… formas en las nubes que nunca había visto antes y presumen de esconder los mayores secretos tras ellas con orgullo dejando caer leves gotas que se mezclan con los pétalos en el aire para hacerlos brillar con esa mágica luz que regala la luna cubiertos del rocio de la mañana…
En ese lugar he visto nacer montañas y rios, he visto desaparecer glaciares enteros y salir de ellos animales dormidos… cada noche, a la misma hora, en el mismo sitio… a las doce de la noche sobre el lecho de plumas entre telarañas y nidos de cigüeñas… cada noche el cuervo trae una perla…